MIRADA SOCIO CULTURAL A NUESTRO TERRITORIO

Por: Héctor José López Quintero

Docente ITESARC

El siguiente texto, tiene por objetivo fomentar en los estudiantes el valor de la identidad hacia nuestro territorio. Es un texto descriptivo que utiliza la metáfora para hilar párrafos, anidando  en ellos versos del Himno del departamento de Risaralda. Es una manera poética de fomentar el respeto por la diversidad, exaltar el trabajo de nuestros ancestros, el reconocer las riquezas naturales del paisaje cultural cafetero y valorar las cualidades de nuestra gente.

HOMENAJE AL DEPARTAMENTO DE RISARALDA

Surge en las entrañas de la Madre Tierra, gestado “en viveros de pueblos de Caldas”, recostado “sobre verde de mapa y labranza, arrogante surgió Risaralda”.  Alberga en su vientre vida multicolor y de sus imponentes senos, nacen caudalosos ríos que se mezclan con los flujos internos de su ser germinador.

Nuestro territorio tiene forma de mujer, mujer indígena, mujer negra, mujer mestiza; que con su voluptuosidad representan la variada topografía de la región. En su escultural cuerpo encontramos montañas, valles, colinas, nevados y cerros; esculpidos “con arcilla de ancestros” creando “inmortales perfiles de estatua”.

Sus órganos vitales preservan la vida, su corazón refleja la laboriosidad de nuestra gente, sus pulmones oxigenan la mente inspiradora de niños, niñas, hombres y mujeres; que escriben una nueva historia “en jornada tenaz sin fatiga, y en función permanente de Patria”.

Nuestro territorio nos habla a través del vuelo de las mariposas, el cántico de las aves, el sonido de los ríos, la música ancestral, las historias de nuestros abuelos, el llanto de nuestros antepasados, el lamento de un pueblo y las voces de los campesinos que esculpen día a día el cuerpo de nuestra gran mujer, con el firme propósito y “el anhelo de ver la semilla convertida en dorada abundancia”.

Las voces de nuestro territorio, se convierten en palabras e historias, “en rumor de oraciones y fragua”; de poetas, que, con su imaginación rompen la blancura del papel, reclamando más “justicia, más paz, más trabajo, más cultura, más luz y enseñanza”.

La piel de nuestro territorio está cubierta de musgo, de hojas secas de café, de tierra productora de vida, de sueños y de relatos que cuentan como en “una aurora inicial de febrero arrogante surgió Risaralda”. Su piel tiene aroma a café, a piña, a guayaba y sobre todo al sudor del campesino que ha dado forma y deconstruido nuestro paisaje cultural cafetero. 

                       

La imaginación habita en las mentes de nuestros habitantes que, con su sensibilidad, quieren dibujar una nueva narrativa de municipio, de departamento y de país, basada en la paz, en el reencuentro, en la oralidad y que cada una de sus líneas den fe que “No fue el odio que todo destruye agresiva razón de su causa”.

La poesía vive en el copo de un árbol, en la cima de un nevado, en el murmullo del río, en el colorido vuelo de las aves, en el esplendor del arco iris, en el destello del sol, en el frío de la lluvia y en el brillo nocturno de la luna.

El arte se anida en el corazón de las personas que proyectan sus historias de vida, sentimientos, sueños e ilusiones; en las hojas de un libro, en el estribillo de una canción, en los versos de un poema, en los trazos de un pincel y, sobre todo, en las emociones que se dibujan en sus rostros al entonar los versos que engalanan nuestro himno.

Nuestro territorio es un collage de diversidad, de sabores, de colores, de aromas, de texturas y de culturas. Nuestro territorio en su conjunto, es la madre de la imaginación, la poesía y el arte, que con sus manos se teje el acontecer diario de nuestra población y en “abrazo fraterno formaran sus catorce lucientes estrellas sobre verde de mapa y labranza”.

Risaralda es vida, es poesía, es lectura, es escritura, es oralidad; Risaralda es un libro abierto en la espera de lectores propios y extraños y que en cada rincón del departamento surjan nuevos seres con la sensibilidad y la capacidad de reescribir una nueva historia “como meta final de su marcha, esculpiendo su joven historia con orgullo, tesón y confianza”.

Que en los más alto de las montañas retumbe el eco del coro de nuestra canción insigne.

“Salve, recia fusión poderosa

de civismo, de brazo y montaña

que forjó con arcilla de ancestro

inmortales perfiles de estatua.

Risaralda, con casta de hidalgos, cumplirá

– juro a Dios – su palabra

en jornada tenaz sin fatiga,

y en función permanente de Patria”

Es por eso que los procesos de lectura, de escritura y oralidad, son los elementos claves para enseñar a leer socioculturalmente, nuestros antepasados, nuestras miradas, nuestras personas, nuestra ciudad, nuestro territorio.

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