“A sus 100 años, Maruja Vieira cree en la felicidad de los seres humanos; cree en su Colombia bienamada, cree en la mujer colombiana y en la de todas las latitudes del planeta; cree en la juventud, en los poetas jóvenes de ambos sexos, en la reivindicación del medio ambiente, en la paz y, desde luego, en las virtudes irracionales de la poesía”.
José Luis Díaz Granados, Poeta, ensayista, catedrático
CUANDO ESTÉ LEJANA
Búscame en todo cuando esté lejana.
Me hallarás en tu voz y en tu mirada,
me hallarás en la sombra de tus pasos,
en el sonido fiel de la campana
y en la caricia musical del aire.
En los fulgores de la luz que llega
y despierta el color en el paisaje,
en el perfume que la tierra invade
cuando viene creciendo la mañana.
Mira a tu alrededor, mira los árboles
y la lluvia en las rosas, mira el agua,
oye venir mi voz por el camino
que se tiende a la tarde, como un brazo.
Estaré allí, perdida entre tu mano,
forma de amor sin tiempo ni distancia.
Me llevarás en ti calladamente,
sin nombre ya, ni olvido, ni esperanza
ATARDECER DEL SÁBADO
En memoria de Bambino
Ha llovido en mis manos,
áspero sol,
tu lenta quemadura,
tu fuego repetido.
Ahora son más altas
las montañas azules,
más altas y se alejan
en perfiles
de cristal y de humo.
Los rumores del día
se pierden en la tarde.
La noche será larga.
A la orilla del sueño
veré pasar las horas
silenciosas y cálidas.
Mañana
vendrán a saludarme
los ladridos alegres
de mi perro.
Le diré que se calle,
que es domingo.
no hay que ir al trabajo
ni al colegio.
Despertará la niña
cantando. Nos iremos
los tres. Hoy es domingo
y sale la familia de paseo.
Y se me habrá olvidado
por la noche la tristeza.
PARA TI NO HAY PALABRAS
Para ti no hay palabras.
Hay sólo mudas páginas en blanco
y este lento caer de las manos inútiles,
que olvidaron y hallaron letras, sueños y árboles.
Hubo palabras antes, cuando el mar,
cuando el grito luminoso de los últimos faros.
Para ti sólo hay tiempo, no hay palabras
y el tiempo es infinito ahora que te amo
LOS 85
A los 85 algunos estamos descaradamente vivos.
Se supone que los que nos aman
deben saber que caminar
ya no es para nosotros la alegría de antes,
a menos que sea al sol y sobre la hierba.
Se supone también que deben saber
que nuestras noches son demasiado largas
porque tenemos que acostarnos muy temprano
y hay muchas cosas a las que no podemos asistir
porque nos cansamos.
Pero insistimos en seguir descaradamente vivos.
No son nuestros ojos, es la luz la que se debilita
cuando queremos leer.
No son nuestros oídos, es la voz de los otros
la que ya no tiene sonido.
Son las calles las que se han vuelto
demasiado largas y las escaleras demasiado altas.
Pero seguimos descaradamente vivos
y los más afortunados tenemos
una ventana por donde entra el sol de la tarde
y una voz muy amada que nos llama
HOSPITAL MILITAR
¡Dios, qué mano tan fría!
dijo el soldado herido.
En la silla de ruedas su figura
sería un árbol joven
con las ramas cortadas.
Porque allí no había mano,
sólo unos ojos hondos,
muy hondos, que parecían
preguntarle algo a Dios
Alas en la Ventana
Las palomas
vinieron, yo no estaba.
Me dejaron
– tarjeta de visita-
una plumita blanca



