Edilma Jaramillo Flórez. ediljara3010@gmail.com
Se volvió algo normal en nuestro país que, en el restaurante, el almacén, la ferretería…encontremos a alguien atendiendo, de origen venezolano, que se nota por su acento. También vemos en los noticieros como se refieren a extranjeros al momento de narrar algún delito en el que se ven implicados. Es de conocimiento público los motivos por los que gran cantidad de habitantes del vecino país andan esparcidos por el mundo huyendo de un régimen que hundió a la hermana república en la más grande crisis económica de su historia; lo cual se repite en la frontera entre Méjico y Estados Unidos. Es mucho más triste y conmovedor la romería que se está presentando en el tapón del Darién por las condiciones inhumanas en que los migrantes se someten a caminar por zonas inhóspitas con la misma ilusión que embarga a todo aquel que se aventura en busca de un mejor futuro para ellos y su familia.
Escuchando hablar a la líder indígena guatemalteca Rigoberta Menchú, premio Nobel de Paz (10 de diciembre de 1992) y activista de los derechos humanos, refiriéndose al tema: “Hay que bajar y estar en medio del conflicto, para entender su origen, creando facilitadores que hagan consenso para la búsqueda de una solución, identificar el origen y crear un liderazgo interactivo con fuerza moral. Aprender a coexistir en una nación pluricultural y multilingüística sin prejuicios; hablamos de la migración como un problema y la migración debería ser un derecho, migran las aves, migran los peces ¿por qué crear barreras?”
La guerra entre Rusia y Ucrania nos muestra también un panorama desolador, en el que millones de habitantes ucranianos tuvieron que abandonarlo todo para no morir en medio del conflicto.
Respecto a este tema cabe agregar que muchas personas abandonan su país de origen por múltiples causas, a veces solo por huir de algo o de alguien y en muchas ocasiones cuentan con gran suerte, pero siempre queda la nostalgia, como nos lo dice Juan Piña en su canción: “Soy emigrante latino/ que lloro en la lejanía/ añoro el pueblo querido/ que le dio luz a mi vida /.



