A PROPÓSITO DE LA COP 16 CON NUESTROS ACTOS EDIFICAMOS EL FUTURO

Por: Carlos Alberto González – Coordinador Cultura Ciudadana SMPCCC – Arquitecto, Magister en Desarrollo Educativo y Social

Hace parte de la Ciudadanía y la Cultura Ciudadana la visión Energética y Ecosistémica en el quehacer diario, donde cada acto realizado en nuestra actividad cotidiana puede contribuir a construir un mundo mejor o a erosionarlo. Todo acto está impregnado de vibraciones y flujos materiales o intangibles mediados por la intencionalidad energética que construye el sujeto. Por ejemplo, el que se pueda ayudar a una comunidad o a una persona en un momento crítico y decisivo, puede con el aporte de este acto de colaboración, solventar el problema que le permitirá al sujeto o a la comunidad salvar el obstáculo que le llevaría al fracaso. Pero este acto no solo conlleva un significado aislado y coyuntural, es  inmanente y creciente; el beneficio ofrecido puede con posterioridad cobijarnos en forma directa o indirecta, el apoyo y la vibración energética de la intencionalidad, bien sea de amor u odio en una acción por conectividad del destino ofrecerá frutos no solo en momento, la acción ejercida se convierte en fuerza energética, que puede repercutir en el tiempo como premio o talión a las diferentes acciones a manera de Consecuencia.

Te has puesto a pensar por un instante, cómo una pequeña variación en un acontecimiento, acto o proceso, puede desencadenar cambios significativos y sorprendentes en otros, bien sean altamente relacionados o definitivamente distantes; acción de intencionalidad que desde las teorías de la Integralidad, de los Fractales, del Caos y de la Física Cuántica, no se consideran casuales, sino causales, dando lugar a la metáfora del “Efecto Mariposa” en la cual, el aleteo de una simple mariposa en un lugar indeterminado puede desencadenar un huracán en un sitio distante; explicando así como los acontecimientos, están sujetos a simples perturbaciones que pueden ser mediados y alterados de notable manera, situaciones reales, de cómo en algunas de las tragedias por desconocimiento, descuido o insensatez con un pequeño acto o decisión, pueden llegar a desatar grandes devastaciones tanto en la naturaleza y en las fuentes de vida, como en el hábitat, la Ingeniería o la Infraestructura.   

La naturaleza es un claro caso para la demostración del Efecto Mariposa, S.Adán (2024) al reflexionar sobre la Fragilidad del Orden, plantea que en un sistema interconectado, los actos indeterminados en un ecosistema, pueden afectar otro muy distinto, cambiando el curso de los acontecimientos en el primero.

  • Una persona decide dar un salto en lo alto de una montaña, desencadenado un alud que acaba enterrando a todo un caserío bajo la montaña.
  • Una persona en sus labores de campo decide fumar un cigarrillo, arrojando al suelo una colilla desencadenando un incendio forestal que acaba con buena parte de las propiedades y la biodiversidad de la zona.
  • A un conductor se le olvida colocar la luz de alerta de cambio de dirección, esta omisión causa el desvío de otro automotor sobre el andén ocasionando una severa lesión a un peatón.

Plantea que quizás somos lo que somos por un cúmulo de circunstancias y decisiones causales que nos han llevado a estar precisamente en un tiempo, situación y lugar determinado. ¿Qué hubiera sido de nosotros si hubiéramos tomado otras decisiones? ¿Qué fuera de nosotros si eleváramos a mayor consciencia nuestros actos por insignificantes que parezcan? ¿Y si el “Aleteo de una Mariposa” ha mediado o está influyendo en los escenarios y derroteros de nuestra vida?

Son incógnitas sugerentes e importantes a despejar en nuestras sendas y nuestro tránsito en ellas, lo que nos llevará por supuesto a más preguntas y caminos sorprendentes. Por hoy sólo deseo incorporar estos planteamientos como pretexto para reflexionar sobre situaciones de cultura ambiental y elemental urbanidad en nuestra convivencia, quiero referirme al manejo y disposición de los inservibles o desechos sólidos que se depositan en nuestras veredas o se vierten en los ríos, y cómo ello puede generar tragedias a manera de “Efecto Mariposa”.

Las Ciudades del Eje Cafetero fueron fundadas en pequeños valles o planicies de la montaña, dependían para su existencia de estar cercanas a las diferentes fuentes de vida, como el campo agrícola destinado al lugar de trabajo y cercanía a las fuentes hídricas como condición subsistencia; con el correr de los tiempos, se ha perdido la significación de las razones de la fundación en el lugar y además nos parecen triviales e irrelevantes. Simplemente hoy consideramos que, por inercia social, vivimos al pie de una montaña o de un rio. Nos orgullece ser vecinos de las quebradas o los ríos que surcan las ciudades como fuente de recursos y de biodiversidad, pero poco o nada hacemos para honrar esta cualidad. Por ejemplo, descuidamos la responsabilidad social de mantener estas fuentes limpias de contaminantes, sus riberas aseadas y sus entornos preservados. Contaminamos las vertientes de manera indiscriminada, vertimos desechos, podredumbres y venenos sin contemplación, talamos los árboles de las cuencas o de los nacimientos de agua, contaminamos los reservorios y obstruimos con todo tipo de escombros las fuentes hídricas haciendo de nuestro hábitat, un perfecto y amplio muladar, un escenario de depredación, contaminación, asfixia, atrofia y muerte.

Desde nuestra enconada indiferencia, vertemos cualquier tipo de líquido químico y/o veneno al lavaplatos, al alcantarillado o al río, lanzamos a las cuencas cualquier forma de desecho doméstico, industrial, residuo sólido, elemento inservible o aparatoso. Buena parte de la comunidad se deshace de ellos en los zanjones o cañadas que conducen a un río o lo vierten al mismo lecho del río, contaminando, envenenando y obstruyendo los cauces, edificando “aleteos” que con seguridad se pueden convertir en “huracanes”, generando grandes estragos, ocasionando enfermedades, epidemias o desastres naturales.

Es un verdadera angustia ver cómo sin el mayor recato y vergüenza, se vierten los sobrantes y los escombros al costado de las vías, las quebradas o los ríos, o se  paga a terceros para que conduzcan los materiales sobrantes en un desfile de carretilleros y transportistas vaciando escombros en las orillas de las vertientes; esta actividad indolente e ilícita, es pervertida (Inclinación antinatural en los instintos y los comportamientos de vida) por cuanto se hace un mal enorme al entorno, a la ciudad y a la vida, producto del mal hábito, la negligencia o la ignorancia.

Existen empresas particulares y públicas recolectoras con servicios gratuitos o a precios manejables, que pueden realizar la labor de recogida y ubicación de los desechos sólidos en rellenos y escombreras, es sólo cuestión de tener consciencia y espíritu de contribución hacia el logro de un mejor hábitat. Es la puesta de un grano de arena por parte de la comunidad, ¡bien ubicado!. Son decenas de toneladas que se vierten al mes de manera irregular en desechos y escombros en nuestras ciudades, y cientos de toneladas año tras año, lo que repercute de manera notable en la obstrucción de los cauces y las corrientes de los ríos, que luego generan graves efectos invasivos y muchas veces trágicos por parte de la naturaleza devolviendo en huracán lo que con pequeños aleteos hemos producido.

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