“En todas mis obras he dejado pedacitos de mi corazón”
Con una capacidad de resiliencia para enfrentar desafíos y superar obstáculos Doña Omaira Ramírez Ocampo, nacida en Neira – Caldas y ciudadana del mundo, decidió una vida disciplinada, estableció metas y trabajó hacia ellas de manera constante, con fe en sí misma y sus capacidades, siendo el pilar fundamental de la economía de su familia y el ejemplo de sus hijos. Ha prodigado virtudes maternales como: amor incondicional, paciencia y la capacidad para entender y conectar con las necesidades emocionales de sus hijos; que son su mayor tesoro, su soporte y su orgullo.
Es madre de artistas y como tal, reconoce y admira en ellos sus habilidades como un sello personal. Es de resaltar que esta particularidad le ha permitido asistir a diferentes galerías de arte dentro y fuera del país orgullosa de que sus hijos sean quienes expongan sus creaciones ante un público tan exigente y diverso. Ha disfrutado diferentes exposiciones: en el museo del Prado en Madrid. Asistió al museo de Arte Contemporánea, donde su hijo Omar expuso su obra “Mutante Urbano” en 2001 obteniendo allí una Mención Honorifica. Cuando viajó a Estocolmo visitó La Feria de Arte Retrospectiva de Frida Kahlo y Diego Rivera. En nuestro país, en el Colombo Americano, sus hijos Juan Carlos y Armando García, expusieron el tema llamado “Encuentro de Dos Mundos” obra que también estuvo expuesta en el Teatro Santiago Londoño donde contaron con la presencia del gobernador de la época. Resalta la grandeza de sus hijos. Omar con su talante como escritor y poeta, su desempeño en el arte y su nobleza. De Armando admira sus obras, sobre todo los retratos, pues encuentra en ellos mucha perfección, su laboriosidad, su gestión, innovación, creatividad y generosidad. De Juan Carlos sus monumentos, su esfuerzo, su laboriosidad, empatía, su gran capacidad de crear. De Elizabeth su libro “Poemas infantiles”, escrito pensando en los niños, con una dulzura que trasciende fronteras. De Sandra, diseñadora de joyas y ceramista, su ímpetu, dinamismo, su capacidad para abrirse camino, su grandeza. Sin olvidar su niño Diego (QPD) que participó en muralismo cuando su salud se lo permitió. Sus hijos de quienes obtuvo muchos aprendizajes sobre la vida y sobre el arte, pues comenzó siendo empírica y los conocimientos sobre técnicas los adquirió precisamente de ellos.
Aunque su creatividad artística siempre la ha acompañado, fue en su época adulta donde desarrolló su capacidad para crear y expresar ideas de manera original a través del lienzo y los pinceles. Su habilidad para capturar y transmitir emociones a través del arte, la perseverancia y la motivación como sus mejores aliados para crear algo único y auténtico.
Doña Omaira nos comparte algunas de sus obras en homenaje a la naturaleza con la que hemos sido bendecidos y en las cuales ha dejado pedacitos de su corazón.









