El estrés en la vida cotidiana

¿Cómo convertir un enemigo silencioso en un aliado consciente?

Vivimos en una época donde estar ocupados se ha convertido en sinónimo de ser importantes. La agenda llena, los múltiples roles y la hiperconectividad permanente nos mantienen en un estado de alerta constante. Pero ¿qué está pasando en nuestro cerebro cuando decimos “estoy estresado”?

¿Qué es realmente el estrés?

Desde la neurociencia, el estrés no es el enemigo; es un mecanismo de protección. Cuando el cerebro percibe una amenaza bien sea real, como un accidente, o interpretada, como una discusión o una fecha límite, se activa una “alarma interna”. Esa alarma envía un mensaje al cuerpo para que se prepare: el corazón late más rápido, la respiración se acelera y se liberan sustancias como la adrenalina y el cortisol. Estas sustancias nos dan energía extra para reaccionar, defendernos o resolver la situación. El problema no es que esta alarma exista, el problema es cuando nunca se apaga. Este sistema fue diseñado para salvarnos la vida. Hoy no huimos de depredadores, sino de plazos, conflictos y preocupaciones constantes. Cuando esa alarma permanece encendida demasiado tiempo; el cuerpo no logra recuperar su equilibrio, y es ahí donde comienzan las consecuencias físicas y emocionales.

¿Qué ocurre en el cerebro bajo estrés crónico?

La ciencia ha demostrado que el estrés prolongado puede:

– Sobre activar la amígdala (mayor irritabilidad y reactividad emocional)

– Disminuir la eficiencia de la corteza prefrontal (menor capacidad de concentración y toma de decisiones).

– Afectar el hipocampo (impacto en memoria y aprendizaje).

– Alterar el sistema inmunológico y aumentar el riesgo cardiovascular.

Es decir, el estrés sostenido no solo afecta el estado de ánimo; afecta el cuerpo completo.

Estrés cotidiano: señales que no debemos ignorar

Muchas personas normalizan síntomas como:

– Cansancio constante

– Dolor de cabeza o tensión muscular

– Trastornos del sueño

– Cambios en el apetito

– Irritabilidad o desmotivación

Cuando estas señales se repiten, el cuerpo está pidiendo regulación.

Estrategias basadas en neurociencia para manejar el estrés

  1. Respiración consciente (regulación fisiológica inmediata)

La respiración diafragmática activa el sistema nervioso parasimpático, responsable de la calma. Inhalar profundo en 4 tiempos, sostener 4 y exhalar en 6 durante 5 minutos puede reducir niveles de cortisol.

  1. Movimiento corporal

El ejercicio físico libera endorfinas y ayuda a metabolizar el exceso de adrenalina. No se trata de alto rendimiento; caminar 20 minutos diarios ya genera cambios significativos.

  1. Entrenamiento atencional (Mindfulness)

Practicar atención plena fortalece la corteza prefrontal, mejorando la regulación emocional. Estudios en neuroimagen muestran cambios estructurales tras prácticas sostenidas.

  1. Higiene del sueño

Dormir menos de 6 horas mantiene elevada la respuesta al estrés. El cerebro necesita descanso para consolidar la memoria y regular las emociones.

  1. Reestructuración cognitiva

No siempre podemos cambiar la situación, pero sí la interpretación. Cambiar “no puedo con esto” por “esto es desafiante, pero lo puedo gestionar paso a paso” modifica la respuesta fisiológica.

Una reflexión final

El estrés no es señal de debilidad; es señal de activación. La diferencia entre desgaste y crecimiento está en la regulación. Entrenar la mente no es un lujo, es una necesidad en el mundo actual. Cuando aprendemos a reconocer nuestras señales internas y respondemos con conciencia, dejamos de reaccionar y comenzamos a elegir.

“Porque el verdadero bienestar no es ausencia de presión, sino capacidad de adaptación”.

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