En un lugar lleno de manchas de cuyo nombre no quiero olvidarme, transcurría con tensa calma la noche del 6 de agosto del más reciente cuatrienio.
A tan solo horas de la sucesión del trono en la que el saliente Aureliano pasaría la corona al entrante Bukelo, la población casi entera de la monarca se había ido a dormir pensando en la importancia del evento que tendría lugar al día siguiente.
En el momento en que la noche se parte en dos, cuando el sol alcanza su punto máximo al lado opuesto de la tierra y la luna fría y menguante empezaba a asomarse por el horizonte este, un extraño aire se colaba por las rendijas de las puertas de la mayoría de las casas, y al ser absorbido por sus habitantes al respirar, les provocaba una transformación cognitiva y moral, digna de un cuento de hadas de época.
Amaneció en la comarca y aunque todo transcurría aparentemente normal dentro de ese marco del 7 de agosto, realmente todo había cambiado en la cabeza de los lugareños.
Petra Izquierdina, una tía del amigo que me contó esta historia, veía las cosas distinto a como las venía viendo en los últimos años. De un momento a otro, por culpa de ese aire extraño de la noche anterior, empezó a criticar y a rasgarse las vestiduras por el despilfarro de recursos y la poca austeridad del nuevo monarca; algo sobre lo que guardó completo silencio cuando el que malgastaba el dinero era Aureliano.
Por su parte, Diestro Milei, compañero de trabajo de mi amigo, que en los últimos meses venía compartiendo 10 o 15 estados de Whatsapp por dia en los que criticaba el derroche de Aureliano y aseguraba como si fuera el jefe de Bukelo que él iba a ser distinto cuando llegara al trono, permanecía ahora en absoluto silencio respecto al tema de los excesos del monarca.
Pero el tema no quedó ahí, no. Ojala. La corrupción típica de la comarca tropical donde se desarrolla esta historia siguió tan viva como siempre, la diferencia es que ahora Petra Izquierdina y sus muchachos ponían el grito en el cielo y manifestaban que eso era un crimen que debía ser juzgado, pero Diestro Miley y su tribu minimizaban el tema, trataban de ocultarlo y mostraban poco interés en hablar de ello. Así empezó a pasar con todo.
Diestro Miley y Petra Izquierdina habían cambiado sin darse cuenta y por culpa de ese maldito y extraño aire de la noche del 6 de agosto, la vara con la que median los logros y los fracasos del actual y del anterior monarca, y cada uno desde su esquina creía que ahora estaban mejor y peor que antes respectivamente, y se insultaban entre sí, y se miraban rayado cuando se cruzaban por la aldea, y los unos se creían más inteligentes que los otros; mientras que Aureliano y Bukelo se unían y desunían al vaivén de sus intereses y sobre todo, de las emociones que necesitaban despertar en su pueblo.


