¡Qué parezca cuento!

Por: Hugo Posada S.

Hubo una vez, en el mes de octubre de un año numerado o nombrado diferente a lo que conocemos, en donde algunos hombres sabios en sus asuntos, se reunieron como era habitual a festejar con su pueblo el buen término de sus cosechas y a su vez prepararse para la llegada, el recogimiento y la familiaridad que producen las cocinas en invierno.  Para dicho jolgorio, cuenta la historia, hacían una especie de minga y mientras se bebía también se danzaba, se hacían hogueras, se oraba y se agradecía por tanta abundancia, el vigor y la salud de sus familias.  Esta fiesta tan pintoresca duraba tres jornadas a partir del último día del mes, en las cuales se despedía el sol y su benévola influencia sobre la tierra, para darle la bienvenida a la penumbra, sus días cortos y sus bondades con una serie de eventos en los que se homenajeaba la vida y se respetaba la muerte, abriendo la puerta al misticismo; tal vez lo religioso y lo sobrenatural; compartiendo después de la caída del sol como era la creencia, con el alma de los seres queridos y esas presencias vivas, elementales, tan naturales como ahora fantásticas que se unían por unas horas como comunidad, junto a los hombres aquí en su tierra.

Todo pudo haber sido color de rosa con los demás matices de una vida que fluía, entre comillas tranquila.  Pero entonces llegaron ellos… Eran personas como cualquiera de nosotros en apariencia, venían de lejos, traían otros cuentos, actuaban bajo otros símbolos y dizque los acompañaba un dios soberano que nadie podía ver, traían mucho peso sobre sus hombros y esto, de alguna manera, los hacía mucho más influyentes y temerarios.  Así que, ignorantes de una armonía diferente se tomaron por asalto estas tierras ya civilizadas desatando el temor con su palabra y el miedo se esparció en el corazón del hombre como la noche tras el ocaso.   Mucho antes de llegar el hambre, la peste y los ríos de sangre, fueron causantes del detrimento de una tradición que a sus ojos era incomprensible, muy rupestre, más libre, natural, poco ortodoxa, por lo tanto, fue nombrada pagana y debía ser castigada y más temprano que tarde silenciada y olvidada.  Entonces, de las bocas confundidas de los pueblos nació el demonio y con él ardieron el conocimiento y las prácticas que hasta entonces permitían la armonía entre todos los seres, visibles o no, que habitaban estos confines.

Pasaron muchos años y el mundo, o gran parte de él, se volvió homogéneo bajo el poder del báculo pastoral y sus influencias políticas, hasta que llegó el día en que la misma mano que alguna vez encerró la tradición en el recuerdo, de repente la resucitaba, como es su costumbre, bajo otro nombre y con unos intereses bastante particulares, pero esta vez con su santa bendición, dejando de ser un carnaval lleno de canto, fuego, poesía y magia, para a convertirse en un día en donde se intercambiaban las cosechas por bendiciones y se tributaba en favor de santos sin nombre con tal de ponerle valor al descanso eterno y la luz perpetua.  Desde entonces, la idiosincrasia de los diversos pueblos a través de las migraciones en su mayoría obligatorias, se ha permeado de los aspectos más encantadores de las culturas que les dan asilo y de los recuerdos que se quedan grabados en las biografías.  Se ha ido entretejiendo con la oración y los golpes de pecho, dándole vida a esta colcha de retazos decorada con magos, brujas, duendes, gnomos, cruces, santos, espadas, hogueras y cementerios; se ha manchado con la sangre de sus muertos, con la sidra de sus campos y el vino de los templos.  Se le han pegado murciélagos y nabos en forma de candeleros que luego fueron calabazas, fantasmas, vampiros, hombres lobo y otros cuerpos no tan muertos.  Han danzado las calaveras para recordar los viejos, ha nevado azúcar por montones y el pan se volvió alimento de este mundo y del etéreo.

Hoy se sigue festejando el día de los brujitos y los dioses hacen campo para dar paso al comercio.  Esto no es malo ni bueno, solo es un breve relato que pretende recordar que todo tiene un inicio, un porqué y una verdad, que saberla es necesario, sobre todo en estos tiempos donde se endulzan los trucos y se disfraza la identidad.

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