Por: Francisco González Medina
Especial para el periódico El Faro
Si todos los caminos conducen a Roma, en Santa Rosa de Cabal sus caminos conducen a la familia Buitrago. Un apellido del cual se dice proviene de España. Sin embargo, para otros estudiosos del blasón, la saga Buitrago bien puede ser árabe o hebrea. Lo cierto es que la descendencia de Salvadora Buitrago y María Josefa de Ávila, viuda de José María Buitrago, se instalaron en esta tierra como si se tratara de una tribu del Génesis bíblico; y quizás por la misma razón se le considera a la familia Buitrago como “Ciudad Levítica”. Ignoro si el apellido Buitrago tenga algún parentesco con Salomé Buitrago. Una patriota fusilada en 1817 en Tunja (Boyacá) en plena campaña libertadora. Pienso también si el mismo apellido tiene relación con el juglar de Ciénaga, Santa Marta, Guillermo Buitrago. Ese compositor alegre y parrandero que por estos días ameniza las fiestas de fin de año. No lo sé. Pero hablar de Fernando Buitrago Montes es hablar de la historia, de pintura, de música, de arquitectura, de teatro, de poesía, de novela, de cosas viejas, pero también del futuro porque no deja de soñar. Ahora lo desvela Santa Rosa de Cabal año 2044. Sabe que ya no estará allí, pero siente la satisfacción de haberlo visto. En su imaginación, en planos, en charlas, con sus amigos, con Rodrigo Toro y Alirio Andrés Osorio.
Creo que él y yo tenemos cosas en común. Estamos conversando y de pronto él ya no está. Son segundos. Se ha ido, pero permanece atado a ese asiento. Sabe que anda en otro escenario, por la Santa Rosa urbana. Regresa y me habla con entusiasmo del teatro. No sabía que una de sus pasiones ha sido la actuación. Viajó a Francia al festival Mundial de Teatro Universitario. Con el grupo de la Universidad Nacional dirigido entonces por Jairo Aníbal Niño. Dramaturgo y escritor. Recuerda que ganaron en 1967 con la obra “Golpe de Estado”. Fernando no tendría más de veinte años y ya se veía haciendo parte del teatro de tablas, el cine y la televisión. Entonces admiraba al actor irlandés Peter O’ Toole y al colombiano Carlos Muñoz. Su buena voz y sus dotes de declamador lo llevarían a soñar en grandes teatros. En la inauguración del Teatro Fundadores en Manizales participaría con la obra “Bodas de Lata” o “El baile de los arzobispos”, dirigida también por Jairo Aníbal Niño. De aquella noche recuerda la presencia de dos hombres de letras: Pablo Neruda y Germán Arciniegas. Premios Nobel. Un chileno que encantaba al mundo con sus poemas y un guatemalteco, Miguel Ángel Asturias, que deslumbraba con sus obras impregnadas de mar y mitología indígena.
De Nancy – Francia, Fernando Buitrago traería en su maleta sus monumentos barrocos, la Plaza de Stanislas del siglo XVIII, sus fuentes y palacios medievales. Imagen que llevaría a soñar con una Santa Rosa de Cabal atractiva por su arquitectura y paisaje. Una lucha interna que empezaría a librar: su carrera o la actuación. Un consejo de Jairo Aníbal Niño lo sacaría de los telones. Amaba el teatro de expresión corporal y la creación colectiva. Le hubiera gustado pertenecer al Teatro Experimental de Cali, a La candelaria o al Teatro Popular de Bogotá. Pero el destino lo necesitaba lejos de las tablas y más cerca de su amada Santa Rosa. A la cual había llegado de días, aún en pañales. De Ansermanuevo, Valle. Cuando la violencia aterrorizaba de nuevo al país y los partidos políticos, como en la Patria Boba, entrarían de nuevo en escena.
Terminada su carrera de arquitecto y al dejar el teatro para siempre, Fernando Buitrago volvería a santa Rosa para empezar quizás una de las más difíciles batallas: crear conciencia para evitar el derrumbe del patrimonio histórico y arquitectónico de su ciudad natal. Algunos lo vieron como un arquitecto retrógrado por atreverse a defender el paisaje cultural, no solo de Santa Rosa, sino del Eje Cafetero. Y el tiempo le daría la razón. Después de haberse negado a construir una fuente en el Parque Bolívar porque ésta afectaría la armonía del mismo, tendría la iniciativa de impulsar la oficina de Planeación Municipal para evitar que, iniciativas como la de la fuente, no lastimaran la arquitectura republicana y colonial, seriamente amenazadas por el pseudomodernismo que, como un alud, venía destruyendo el paisaje cultural de otros pueblos. Fernando Buitrago es un visionario incansable, de esos que sueltan una idea y toman otra. Un hombre que habla con entusiasmo de proyectos como CERHISCAFÉ que incluye galería de arte y salón de eventos; Plan Piloto Santa Rosa de Cabal 2044; Sociedad de Mejoras Públicas; Sociedad Bolivariana y Academia de Historia de Risaralda de las cuales ha hecho parte. Para no extender más la hoja de vida de este notable santarrosano, porque sus valiosos aportes han estado al servicio de su ciudad y el departamento, por no decir a la región cafetera y al país. De eso habla una Invitación de la Presidencia de la República a la celebración del Bicentenario de la Independencia de Colombia en el Puente Boyacá y otros reconocimientos dignos de destacar.
Pero Fernando Buitrago ha sabido combinar su exitosa profesión con las artes y el amor. Romántico como los de su generación ha vibrado con el bolero y el tango, con la guitarra y el tiple. Con el piano y el saxofón. También con el jazz y la música clásica. Nubia Builes, la mujer que se le robó el corazón, sabe que detrás de ese hombre visionario y amoroso, hay también un hombre terco que “contra viento y marea” ha sacado adelante lo que se ha propuesto. Incluso cuando le declaró su amor y le propuso que fueran novios. Después de que ella ya tenía los tiquetes para volar a Londres y estudiar inglés. Y sería su esposa. De ese noviazgo Fernando Buitrago recuerda las serenatas y la canción “Novia mía” y que él amorosamente interpretaba como “Nubia mía”. Ella sabe que una de las canciones favoritas de él, es “A mi manera” de Frank Sinatra. Pero Fernando sigue haciendo amigos por donde pasa. Unos conocidos y otros que por prudencia no se conocen. Como aquél diálogo escondido, como él mismo lo llama, con Gabriel García Márquez. En el aeropuerto El Dorado de Bogotá. En esa ocasión hablarían de arquitectura porque el Nobel tenía en ese momento controversia con algunos colegas suyos. El escritor estaba construyendo su casa al lado de un hotel donde funcionaba un convento. Y la construcción no podría reñir con la arquitectura colonial. De ese encuentro lo que más lamenta Fernando Buitrago es no haber tenido un libro del Nobel para que éste se lo hubiera firmado. Otro encuentro sería con Gonzalo Arango, quizás el nadaista más emblemático de nuestro país, junto a J. Mario, Elmo Valencia, Patricia Ariza (hoy Ministra de Educación), Germán Espinosa y mi amigo de entonces, Hernán Nicholls, reconocido publicista y escritor caldense. Encuentros de los que Fernando Buitrago conservaría algo, un objeto, un libro o un poema como el que le dedicara el fundador del primer movimiento protesta en Colombia, G. Arango, escritor y dramaturgo también. “Si buscas el tesoro y lo encuentras facilito, es un pobre tesoro. Si renuncias a buscarlo porque está más profundo, no mereces el tesoro. Si lo buscas con amor y sacrificio, tu esfuerzo es oro, aunque no encuentres el tesoro”.
Nos apura el tiempo. Fernando Buitrago se ha ido de nuevo. No sé dónde estará, quizás en la Hermosa o en Villa Diana. Recordando tal vez a su amigo Álvaro Zuluaga Ramírez, del que habla como un amigo de verdad. O de José Jorge “Cómo me duele tu temprana ausencia”, fragmento de su poema: “Adiós amigo mío”. O quizás recordando que viene de una familia de emprendedores. Que los Buitrago trajeron la primera máquina de coser y la primera vaca lechera de Salamina a esta tierra. Evocando la vena poética de Januario Buitrago su padre, Salve Santa Rosa. Poema de su progenitor. Recordando que su madre Soledad Montes, descendiente de la poetisa Agripina Montes del Valle, su tía abuela, era gran amiga de Rafael Pombo. Ahora el arquitecto me entrega un CD con poemas suyos. Sé que declama y que lo hace bien. Tan excelente declamador como Jorge Robledo Ortiz o Juan Harvey Caicedo. Entonces le pregunto si no ha pensado en su retiro y dedicarse a pintar, escribir o tocar un piano o un saxo. Se silencia y me dice que le gustaría pintar y escuchar música clásica. Pero siente que no es el momento, que hay cosas aún pendientes. Cree que es un Quijote. Yo creo que tiene la imaginación de un Leonardo o un Gabo. Recuerda su matrimonio con Nubia, a Unos ojos. Sabe que es la razón de su vida como sus hijos. También que no es amigo de la soledad. Que ha sido tentado por la política pero que prefiere servir desde su profesión. Nos tomamos otro tinto. No sé cuántos tintos nos hemos tomado ya. El tiempo pasa y el actor recuerda la obra de teatro en Manizales. Cree que por poco estalla una guerra. La obra desafiaba no solo al clero sino a la sociedad conservadora de la capital caldense. Fernando Buitrago reconoce que eran otros tiempos. No hay arrepentimiento. Es la vida y la experiencia de vivir. Sé que no es rencoroso, que tiene la capacidad de sobreponerse a cualquier ofensa. Y esa es una virtud. Como la virtud de ser un señor. ¡Y a todo señor, todo honor!
Epígrafes
- De Nancy – Francia, Fernando Buitrago traería en su maleta sus monumentos barrocos, la Plaza de Stanislas del siglo XVIII, sus fuentes y palacios medievales.
- Como aquél diálogo escondido, como él mismo lo llama, con Gabriel García Márquez. En el aeropuerto El Dorado de Bogotá.



