Sus ojos se cerraron

Por: Fernando Guzmán Naranjo

Parte 2: Los antecedentes

El destino lo había tomado por sorpresa y mientras él pensaba en un futuro sin ella, se vió de un momento a otro en el final de sus propios días.  Él venía de una familia saludable.  Tanto su padre como su madre murieron de edad avanzada, después de cumplir más de ochenta años.  Fueron episodios que en su momento parecieron bastante normales, y aunque Antonio los quería y lamentó su muerte, lo sintió como algo natural y pudo superarlo rápidamente. El mismo había siempre gozado de buena salud, y los exámenes que rutinariamente le hacían no habían indicado nunca que algo grave estaba en camino, hasta el fatídico examen que dio sospechas de cáncer.  Fue uno más de los que le hacían cada año, y no sentía síntomas de nada.  Su médico le mandó exámenes adicionales que confirmaron la mala noticia.  Le sugirió pedir una segunda opinión con una de sus colegas, y ésta llegó a la misma conclusión: un cáncer en último grado, que por razones nada claras había pasado desapercibido en la ronda de exámenes del año anterior.  Un tratamiento con cirugía no era posible, y se recurrió a la quimioterapia.  Como ocurre a algunos pacientes, los efectos de la quimioterapia fueron peores que la enfermedad, y fue decisión compartida por Antonio y sus médicos, que sólo quedaba el recurso de cuidados paliativos.

La salud precaria de Isabel era algo que todos veían como normal, o más bien como algo de esperarse.  La madre de ella había muerto a una edad muy temprana, dejando varios niños menores de edad, que Isabel como hermana mayor tuvo que acabar de criar.  Del papá, que los había abandonado cuando Isabel era apenas una adolescente, no se sabía mucho más allá de que murió a los pocos años de irse, posiblemente asesinado por sus compañeros de malas andanzas.  Todas las crisis: el abandono del papá; la muerte de la mamá; el tener que asumir el papel de madre con sus hermanos menores; habían minado su salud.  El conocer a Antonio resultó ser para ella una tabla de salvación, y como sus hermanos ya se aprestaban a salir a estudiar con el apoyo financiero de uno de sus tíos, ella pudo hacer algo por ella misma y se fue a vivir con Antonio, que estaba a punto de terminar su carrera.  Fueron al principio unos años muy felices para ambos, cada uno profundamente enamorado del otro. Pero a pesar de eso, la salud de Isabel nunca fue del todo buena.  Vivieron pobremente, pero sin pasar hambre, ese último semestre de la carrera de Antonio.  Alquilaban un muy modesto apartamento cerca de la universidad, con un mobiliario mínimo, pero se sentían bien, pues tenían lo indispensable.  

Los años de crianza de las hijas fueron una montaña rusa emocional. Ambos se preocupaban por hacer lo mejor por ellas, pero no siempre estaban de acuerdo en cómo hacerlo. Por ejemplo, si iban a la playa ó a un parque de diversiones, el deseo de darles  libertad para hacer lo que quisieran, y la preocupación porque estuvieran seguras, generaban conflictos que  casi siempre terminaban enojando a Isabel con Antonio y a éste con aquella. Estos desacuerdos causaban tensiones y peleas entre Antonio e Isabel, que a su vez afectaban a las niñas, especialmente a Elena.  Eso la llevó a marcharse de casa y romper casi por completo con sus padres.

Cuando Josefa se fue, ella sí en buenos términos, siguió la época del nido vacío.  Esto fue especialmente duro para Isabel, que a pesar de ver menguada su responsabilidad en la casa, no lograba sentirse completamente bien de salud.  Antonio volcó mucho de su tiempo y atención hacia el trabajo, y ese leve distanciamiento con Isabel, les trajo algo de calma en su relación.  Sin embargo, de tiempo en tiempo surgían de nuevo los negros nubarrones, seguidos de la tormenta.   

* Cuento en cinco parte
Clima
Santa Rosa de Cabal
Nubes dispersas
13
19º - 12º
87%
1.34 km/h
19
sáb
21
dom
21
lun
23
mar
19
mié

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