Por: Martin Mariño
No es entusiasmo pasajero lo que en todo momento él siente y que en temporada de elecciones se acrecienta; en estas, “sin arranques demagogos” -sólo él lo cree- repite teorías aprendidas engalanadas con rebuscados tonos en palabras conocidas, feas y bonitas, con mentiras indoloras escondidas. En reuniones programadas o eventuales, en formales e informales charlas con vecinos, amigos, conocidos y casuales; inclusive en parrandas con poco o mucho trago -heredado vicio- promete entre gritos, vivas, hipos y sollozos como todo politiquero de oficio.
No lo piensa más… se lanza a concejal, alcalde, diputado o congresista; contará, para convencer, provenir de humilde cuna, de un pueblito tendido en la montaña entre caminos de herradura o de aquellos empedrados de llanura; ser de sangre azul aunque se vea roja. Sus abuelos con orgullo y sin pensarlo, desde niño le han contado y reforzado.
¿Y si se olvida de todos los embustes cuando se encuentre ya en su estrado, acomodado? El muy honrado se arrepiente; renuncia a presidente. Sus esperanzas deja allí tendidas y, con ellas, miles de billetes mal o bien ganados en componendas, con colegas y en contratos serruchados, como se hace en todas partes del Gobierno/Estado; empieza en alcaldías y continúa si llega al Senado.
¿Mejor… ser un compatriota amigo, de izquierda o de derecha, asalariado, trabajador independiente, jubilado o empleado bien o mal pagado?
… Una vez despierto y consciente, se retracta de su solo y loco ensueño…. Imposible defraudar el sueño de su gente; así no tengan memoria aprovechaŕá la oferta de su euforia. El oportunismo es parte de la política, de beneficios personales y de nuestra repetida historia.


