Por: Juan David Hurtado Bedoya
Hubo una época en la que hablar de Santa Rosa de Cabal era hablar también de una de las ferias ganaderas y equinas más importantes del antiguo departamento de Caldas. Junto con Manizales, el municipio se consolidó durante buena parte del siglo XX como un gran centro de comercialización pecuaria, donde cada jornada de mercado reunía a productores, comerciantes y compradores de toda la región.
El éxito de la feria no fue casual. La ubicación estratégica de Santa Rosa, paso obligado entre el Viejo Caldas, el Valle del Cauca y el Camino del Quindío, la convirtió en un punto privilegiado para el intercambio de ganado, café y productos agrícolas. Con la construcción de la carretera entre Manizales y Pereira y la llegada del Ferrocarril de Caldas, esta ventaja se fortaleció, consolidando al municipio como un importante nodo comercial del occidente colombiano.
Mucho antes de existir una plaza especializada, las transacciones se realizaban alrededor del Parque de Bolívar, donde campesinos llegaban desde las veredas con animales, leche, quesos y cosechas. Aquellos mercados eran también espacios de encuentro social, donde circulaban noticias, se fortalecían amistades y se cerraban negocios con un simple apretón de manos, reflejo de una cultura comercial basada en la confianza y la palabra.
El crecimiento de la actividad económica llevó a la construcción de la Plaza de Mercado Los Fundadores, inaugurada en 1932, mientras la feria ganadera alcanzaba una dimensión regional. Hasta Santa Rosa de Cabal llegaban bovinos de carne y leche, caballos, mulas y porcinos provenientes de municipios como Pereira, Manizales, Chinchiná, Marsella, Belalcázar, Anserma y Cartago. Allí no solo se compraban y vendían animales: también se fijaban precios de referencia, se intercambiaban reproductores de alta calidad y se impulsaba el mejoramiento genético de la ganadería regional.
La feria se convirtió además en un poderoso dinamizador de la economía local. Cada mercado beneficiaba hoteles, restaurantes, talabarterías, herrerías, almacenes agropecuarios, veterinarias y transportadores. Era un acontecimiento que movilizaba a toda la ciudad y reafirmaba la estrecha relación entre el campo y el desarrollo urbano.
Gracias a sus abundantes fuentes de agua, extensos pastizales y condiciones climáticas favorables, Santa Rosa de Cabal consolidó una importante tradición ganadera y equina que complementó la riqueza generada por el café. Mientras este proyectaba internacionalmente el nombre del municipio, la producción pecuaria ofrecía estabilidad económica a miles de familias rurales.
Con el paso de los años, la aparición de subastas especializadas y nuevas formas de comercialización transformó el funcionamiento de las ferias tradicionales. Sin embargo, la Plaza de Ferias nunca perdió su valor simbólico. Hoy, la Feria Ganadera y Equina, que se realiza el último viernes de cada mes junto al puente sobre el río San Eugenio, mantiene viva una tradición centenaria que recuerda el papel de Santa Rosa de Cabal como uno de los grandes centros agropecuarios del occidente colombiano.
Detrás del actual destino turístico, reconocido por sus termales y paisajes, permanece la memoria de una ciudad cuyo desarrollo también se construyó entre corrales, negocios de palabra y el trabajo incansable de generaciones de productores rurales. Esa feria fue mucho más que un mercado: fue uno de los motores que impulsó la economía y la identidad de Santa Rosa de Cabal durante buena parte del siglo XX.


