Después de la sacudida: comprender nuestras reacciones y recuperar la seguridad

Por: María Camila Calvo, estudiante de Psicología / Eficaz mente

Después de un sismo, recuperar la seguridad también implica cuidar lo que sentimos. Reconocer nuestras reacciones, apoyarnos en otros y saber cuándo pedir ayuda, puede hacer parte del proceso de recuperación. 

Una emergencia no termina cuando deja de moverse la tierra. Para algunas personas, después de la sacudida pueden permanecer el miedo, la incertidumbre, la preocupación o la sensación de estar en alerta. Pueden aparecer dificultades para dormir, sobresaltos ante determinados ruidos o movimientos, pensamientos relacionados con lo ocurrido o la necesidad de permanecer cerca de otras personas.

Estas respuestas pueden aparecer ante acontecimientos que alteran nuestra sensación de seguridad. Cada persona procesa lo ocurrido de manera diferente y la forma de responder puede estar relacionada con factores como las experiencias previas, las condiciones de afectación y las redes de apoyo disponibles (Bambarén Alatrista, 2011; Vargas Mendoza, 2017). Recuperar la calma no significa olvidar inmediatamente lo sucedido ni sentirse bien de un momento a otro. Significa avanzar poco a poco, reconociendo lo que sentimos y encontrando formas de recuperar seguridad y bienestar.

Cuando la emergencia también afecta nuestras emociones

Las emergencias y los desastres pueden afectar no solamente las condiciones físicas y materiales de una comunidad, sino también su bienestar emocional y psicosocial. El Ministerio de Salud y Protección Social establece que la respuesta ante estas situaciones debe contemplar acciones de salud mental y apoyo psicosocial orientadas a la preparación, respuesta y recuperación de las personas y comunidades afectadas (MSPS, 2025).

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud, junto con la War Trauma Foundation y World Vision International, plantea que los primeros auxilios psicológicos consisten en brindar apoyo humano, práctico y respetuoso a personas que atraviesan situaciones de crisis, teniendo en cuenta su dignidad, sus capacidades y sus necesidades (World Health Organization et al., 2011).

Por eso, cuidar nuestra salud mental después de un sismo no significa obligarnos a “estar bien” rápidamente. Significa reconocer lo que estamos viviendo, apoyarnos en otras personas y encontrar formas saludables de atravesar la experiencia.

Hablar también ayuda a recuperar la seguridad

Después de una experiencia difícil, algunas personas necesitan hablar y otras prefieren hacerlo poco a poco. No existe una única manera de procesar lo ocurrido. Compartir con alguien de confianza lo que sentimos puede ayudarnos a reconocer nuestras necesidades y fortalecer los vínculos que pueden acompañarnos durante la recuperación. Contar con personas de confianza puede convertirse en un recurso importante para afrontar las consecuencias de una emergencia y atravesar el proceso de recuperación (Bambarén Alatrista, 2011; Vargas Mendoza, 2017).

 

Los primeros auxilios psicológicos proponen precisamente brindar apoyo de manera humana, práctica y respetuosa, además de facilitar la conexión de las personas con sus redes de apoyo y con los servicios que puedan necesitar (World Health Organization et al, 2011).

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Podemos comenzar con preguntas sencillas:

– ¿Qué sentiste durante o después del sismo?

– ¿Qué fue lo primero que pensaste?

– ¿Qué necesitas en este momento para sentirte un poco más seguro?

No se trata de obligar a alguien a hablar ni de buscar una explicación inmediata a todo lo ocurrido. Se trata de ofrecer un espacio donde pueda sentirse escuchado y acompañado si lo necesita.

Recuperar el equilibrio, paso a paso

Después de una emergencia, las acciones cotidianas pueden convertirse en pequeñas formas de recuperar estabilidad. Las estrategias de afrontamiento, el apoyo social y la recuperación progresiva pueden desempeñar un papel importante durante este proceso (Bambarén Alatrista, 2011; Vargas Mendoza, 2017). Algunas estrategias de autocuidado y apoyo pueden contribuir al bienestar durante el proceso de recuperación:

Respira lentamente: cuando notes que tu cuerpo está muy activado, haz una pausa y dirige tu atención a una respiración lenta y tranquila.

Vuelve al presente:  si aparecen pensamientos relacionados con lo que podría pasar, intenta observar qué está ocurriendo ahora mismo. Mira a tu alrededor, reconoce dónde estás y enfócate en el momento presente.

Cuida tu cuerpo: dormir, alimentarte, hidratarte y mantenerte activo dentro de tus posibilidades también hacen parte del cuidado integral después de una emergencia.

Habla con alguien de confianza: familiares, amigos, vecinos o compañeros pueden convertirse en una red de apoyo importante durante la recuperación. 

Reduce la sobreexposición a las noticias: mantenerse informado es importante, especialmente para conocer las indicaciones oficiales de seguridad. Sin embargo, también puede ser útil establecer momentos de descanso de los contenidos relacionados con la emergencia, especialmente si notas que la exposición constante aumenta tu preocupación o sensación de alerta.

Recupera rutinas sencillas: cuando las condiciones de seguridad lo permitan, retomar poco a poco actividades cotidianas puede contribuir a recuperar cierta sensación de estabilidad.

Date permiso de sentir: cada persona puede reaccionar de manera diferente frente a una emergencia. Sentir miedo, tristeza, preocupación o necesidad de compañía no significa ser débil.

Pide ayuda cuando la necesites: buscar acompañamiento profesional también es una forma de autocuidado y puede ser necesario cuando el malestar comienza a interferir de manera importante con la vida cotidiana.

Plan personal de seguridad emocional

Una herramienta de reflexión y autocuidado sencilla para estos momentos consiste en reconocer cuatro aspectos de nuestra experiencia:

Este plan no busca evitar el miedo. Busca ayudarte a reconocerlo, acompañarte mejor y saber cuándo necesitas apoyo.

¿Cuándo es momento de buscar ayuda?

Después de una emergencia pueden aparecer diferentes reacciones emocionales. Sin embargo, es importante prestar atención cuando el malestar persiste, aumenta o comienza a afectar significativamente la vida cotidiana.

Si el miedo, la angustia, las dificultades para dormir, los pensamientos relacionados con el acontecimiento u otras reacciones comienzan a interferir de manera importante con la vida cotidiana, puede ser conveniente buscar orientación profesional. Estas señales no significan necesariamente que exista un trastorno; sin embargo, cuando las reacciones son intensas, persisten o afectan nuestro funcionamiento diario, es importante considerar una valoración profesional (Bambarén Alatrista, 2011; Vargas Mendoza, 2017).

La ayuda puede comenzar hablando con un profesional de salud, consultando los servicios disponibles en nuestra comunidad o acercándonos a las rutas de atención correspondientes.

En Colombia, el Ministerio de Salud y Protección Social contempla la atención en salud mental y el apoyo psicosocial como componentes de la respuesta ante emergencias y desastres, incluyendo acciones de atención y recuperación (MSPS, 2025).

En el contexto del terremoto ocurrido en Colombia en agosto de 2026, la OPS/OMS ha informado que su cooperación con las autoridades colombianas incluye acciones de salud mental y apoyo psicosocial, capacitación en primeros auxilios psicológicos y fortalecimiento de las rutas de derivación en salud mental (OPS, 2026b).

Después de la sacudida, también podemos reconstruir

Recuperarnos no significa olvidar lo ocurrido ni dejar de sentir miedo inmediatamente. Significa avanzar poco a poco, reconocer nuestras emociones, recuperar espacios de seguridad y apoyarnos en otras personas cuando sea necesario.

La recuperación después de una emergencia es también un proceso comunitario. El afrontamiento y la resiliencia pueden desarrollarse no solamente a nivel individual, sino también en los vínculos y recursos de la comunidad (Vargas Mendoza, 2017).

Fortalecer las redes de apoyo, facilitar el acceso a servicios y cuidar el bienestar emocional son elementos que contribuyen a que las personas y comunidades puedan afrontar las consecuencias de estos acontecimientos (MSPS, 2025).

No siempre podemos impedir que la tierra tiemble, pero sí podemos aprender a acompañarnos mientras recuperamos el equilibrio.



Hablar puede aliviar. Escuchar puede acompañar. Pedir ayuda también es parte de recuperarnos.

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