Medios de comunicación, diálogo interno y salud mental
Por: Mónica Isabel Londoño Marín | Psicóloga y contadora de Eficaz Mente Asesorías
Vivimos rodeados de información. Abrimos los ojos en la mañana y, antes incluso de levantarnos de la cama, podemos encontrarnos con noticias sobre violencia, accidentes, crisis económicas, conflictos políticos, enfermedades, pérdidas o tragedias ocurridas a cientos o miles de kilómetros. Apagamos la pantalla, cerramos la aplicación o cambiamos de canal, pero muchas veces la noticia no termina allí. Sigue hablando dentro de nosotros.
Y quizá ese sea uno de los aspectos menos visibles de la relación entre los medios de comunicación y la salud mental: no solo recibimos información. La interpretamos, la relacionamos con nuestra propia historia, la convertimos en pensamientos y, algunas veces, comenzamos a repetirla internamente.
La investigación contemporánea sobre el llamado diálogo interno o inner speech muestra que ese lenguaje silencioso que mantenemos con nosotros mismos participa en procesos como la atención, la memoria, la regulación emocional y la construcción de nuestra propia narrativa. Es decir, lo que nos decimos importa.
Por eso vale la pena preguntarnos: ¿qué ocurre dentro de nosotros después de recibir una noticia?
Una persona puede escuchar información sobre inseguridad y comenzar a pensar: “ya no estamos seguros en ninguna parte”. Otra puede leer sobre una crisis económica y anticipar inmediatamente: “seguro yo también voy a perderlo todo”. Después de exponernos repetidamente a información negativa, puede aparecer la sensación de que el mundo entero es más peligroso, incontrolable o desesperanzador de lo que realmente podemos evaluar desde nuestra experiencia cotidiana.
La exposición persistente a contenidos negativos en línea, conocida popularmente como doomscrolling, se ha asociado con mayores niveles de ansiedad, depresión y malestar psicológico, así como con menor bienestar y satisfacción con la vida. Sin embargo, la evidencia disponible también invita a ser prudentes: estas asociaciones no permiten afirmar que consumir noticias negativas sea, por sí solo, la causa de esos problemas.
El desafío, entonces, no consiste en dejar de informarnos. Una sociedad necesita información, necesitamos periodistas que investiguen, denuncien, expliquen y hagan visibles los acontecimientos que afectan a nuestras comunidades. Los medios cumplen además una función decisiva en la manera en que comprendemos la salud mental. La Organización Mundial de la Salud ha señalado que una cobertura responsable puede ayudar a combatir estigmas, promover información precisa y favorecer que las personas busquen ayuda cuando la necesitan.
La pregunta no es si los medios son “buenos” o “malos”. La pregunta es cómo construimos una relación más consciente con la información; Y para ello, podemos imaginar una secuencia sencilla:
Información → percepción → interpretación → diálogo interno → emoción → respuesta.
El medio presenta un acontecimiento. Nosotros lo percibimos desde nuestra experiencia, nuestras creencias y nuestros temores. Lo interpretamos. Esa interpretación comienza a conversar dentro de nuestra mente y puede influir en la manera en que sentimos y actuamos.
Allí aparece un espacio de enorme importancia psicológica. Porque no podemos controlar todas las noticias que existen ni todo lo que ocurre en el mundo, pero sí podemos aprender a observar qué estamos haciendo internamente con aquello que recibimos.
Después de una noticia difícil podemos preguntarnos:
◾ ¿Qué sé realmente y qué estoy suponiendo?
◾ ¿Esta información me ayuda a comprender o solamente está aumentando mi angustia?
◾ ¿Necesito seguir consumiendo noticias en este momento?
◾ ¿Estoy recibiendo información de diferentes fuentes o repitiendo continuamente el mismo contenido?
◾ ¿Qué conversación comenzó dentro de mí después de leer esto?
Estas preguntas no buscan negar la realidad. Buscan evitar que la información externa se transforme automáticamente en miedo interno.
También existe una responsabilidad importante del lado de quienes comunicamos. El lenguaje utilizado en una noticia importa, el contexto importa, los titulares importan, las imágenes importan. La manera de hablar sobre enfermedad mental, violencia, suicidio, tragedia o vulnerabilidad puede aumentar estigmas o, por el contrario, contribuir a una comprensión más humana. La OMS recomienda expresamente una comunicación responsable en temas sensibles de salud mental y suicidio, evitando el sensacionalismo y ofreciendo información útil sobre búsqueda de ayuda. Esto nos lleva a una idea fundamental: el diálogo no ocurre únicamente entre dos personas. También dialogamos con aquello que vemos, dialogamos con una noticia, con una imagen, con una publicación en redes sociales, con una frase que alguien escribió. Y después seguimos dialogando con nosotros mismos.
Tal vez por eso cuidar nuestra salud mental en la era de la información requiere algo más que limitar el tiempo frente a las pantallas. Requiere aprender a discernir, elegir qué consumimos, reconocer cuándo estamos saturados, buscar contexto, contrastar fuentes, hacer pausas. Y, sobre todo, observar la calidad de la conversación que queda dentro de nosotros después de recibir información.
Quizá uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo sea aprender a habitar ese espacio con mayor conciencia, porque cuidar nuestra salud mental no significa cerrar los ojos ante el mundo; significa, aprender a mirarlo sin permitir que cada noticia determine la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos.
Y quizá la próxima vez que termine una noticia valga la pena hacernos una pregunta sencilla:
Ahora que el medio dejó de hablar, ¿qué me estoy diciendo yo?


