Por: Fabián Osorio Mosquera
Un piano que por el momento está mudo, cuelga de 4 cuerdas en perfecto equilibrio para volver a nacer a través de un corazón roto pero brillante, que es sostenido por manos que conectan -paradójicamente- lo humano con lo poderoso de la naturaleza y el universo.
No es una metáfora, aunque el mural desahuciado que permite darle vida a ese piano, se llama precisamente así: Metáfora del Equilibrio.
Es una imagen real que nos dejó la tragedia y que, entre todas esas imágenes, es con la que yo elijo quedarme, seguro de que ningún guión de ninguna película hubiera podido imaginar esa escena en la que la piel hecha arte de un teatro se sacrificara para que emergiera la música que habitaba detrás de ella, como máxima muestra de que la vida continúa a pesar del dolor, esta vez, a través de un relevo cultural.
Una pieza de arte rescatando otro arte por medio de unos cirujanos vestidos con chalecos verdes, reflectores y cascos blancos en la primera y seguramente única cirugía de corazón abierto de la historia con cinceles y martillos.
Un teatro que tocó su último vals en silencio cuando entregó su piano a las calles de la ciudad, que lo reclamaba para que recreara con música el latido del corazón que ya no existe en el mural pero, que se necesitaba para encender el brillo de los corazones de los que la habitamos.
Una destrucción creadora que nos invita a soltar lo que está enfermo de muerte para dejar llegar lo que nos llenará de vida.


