Por: Jhonny Galvis
La vida de un ser humano está delimitada por la presencia de sus ejes centrales “padres” progenitores capaces, líderes y amigos, con la habilidad de formar en el mundo que no es el que quisieron. La circunferencia que ellos han formado entorno a que sería lo mejor para el pequeño y su crecimiento, se convierte en una barrera que limita y protege. Ahora bien, sí alguno de estos elementos hace falta ¿qué calidad de desarrollo tendrá un ser indefenso e inocente? Seguramente su percepción de vida será limitada siendo acompañado por un vacío que quizá nunca se llene.
Lo difícil es pensar en el golpe que da la vida a los huérfanos faltos de amor; seres inocentes de la mañana y noche que han de padecer a razón del abandono. Padres destinados a rebuscar el pan, el futuro, el éxito, el desarrollo personal y encontrar el restante de familia que hace falta, para la complicada necesidad de formar en un mundo cruel, mezquino, morboso e inhumano. ¿Qué ha sucedido con los padres en esa desaparición progresiva? Son sinónimo del rayo, señores con una habilidad sin igual de poner el germen en la desafortunada y ser casi un calorcito apenas, que se iba anidando en la víctima. Las situaciones, necesidad y metas sociales, son en gran medida la razón del abandono, la tortura, la violación y la muerte; criaturas que no saben más que obedecer tradicionalmente las decisiones de otros sujetos incapaces (sus padres). La mayoría de los padres hoy, no están en condiciones para engendrar, su razonamiento de vida se ha hecho de un pasado que siguen trayendo al presente para sus retoños, la misma pobreza que los marcó en el presente es el yugo de la nueva generación; padecen las mismas condiciones a pesar de convivir en un mundo “civilizado, progresista, humano”.
Es desproporcionada la manera en que se forman hoy los hijos de nadie, sufren el flagelo de padres ausentes, violentos, maníacos, drogadictos, enfermos y a colmo, se convierten en cómplices, ayudantes e instrumentos activos en el arte de la violencia. En esa lucha constante del hombre por sobrevivir, ha construido no solo sociedad; sino, una forma de vida óptima y estable; aun así, la tragedia sigue siendo continua en él, capaz de degradar hasta lo más mínimo de sus criaturas, de tal manera que parecen enemigos.
Que complejo es convivir entre este tipo de seres y no saber realmente lo que son, lo que piensan y cuáles son sus resentimientos. La lucha por seguir construyendo un mundo positivo se va al cesto; no saber cómo ser un líder o un representante del cariño en el curso de la vida, somete a pequeños a vidas que no merecen o perecen en ella de formas inimaginables. Pésimo augurio del futuro que aqueja a un sinfín de almas huérfanas y dispares; un sistema que no conoce un padre o madre seguro del paso dado, de la responsabilidad adquirida y de lo más importante, de la felicidad que por gracia de los dioses debe ser dada aún infante.



