El caso de Monómeros y la dependencia de Colombia en materia de fertilizantes

Por: Liliana M. Álvarez Henao | Agrónoma y Magíster en Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente

 

 

En la década de 1930 se empezó a utilizar fertilizantes en Colombia, en pequeñas cantidades. La producción industrial inició en el año de 1963 y se consolidó con la creación de la empresa Monómeros Colombo Venezolanos en 1967, con tres socios mayoritarios, dos de ellos colombianos: el Instituto de Fomento Industrial (IFI) y Ecopetrol, y el Instituto Venezolano de Petroquímica.

 

 

Avanzando en el tiempo encontramos que al año 2023, según el ICA, la producción de fertilizantes ascendió a 1.9 millones de toneladas. No obstante, hay que considerar que para producir fertilizantes en Colombia se debe traer el 75,4% de las materias primas importadas de Rusia, China, Canadá, Estados Unidos y Venezuela. Las principales fuentes de fertilizantes importadas son la urea, el fosfato diamónico (DAP), fosfato monoamónico (MAP) y cloruro de potasio (KCl). Queda claro que su dominio son las mezclas a partir de materias primas importadas.

 

 

Como es sabido, la producción y precio de los fertilizantes depende de lo que ocurra en la geopolítica a nivel mundial. Para la fabricación de urea, por ejemplo, se requiere de una alta disponibilidad de gas, sin embargo, por cuenta de la guerra entre Ucrania y Rusia, se evidenció una reducción en el abastecimiento de este recurso, lo que afectó la producción de esa fuente de fertilizante para el año 2022; el incremento de precios, finalmente, lo tuvieron que asumir los productores. Cuando mejoró el suministro de gas en la zona de conflicto, se alcanzó una diminución de los precios hasta en un 55% comparado con el punto de costo más alto reportado para ese mismo año.

 

 

Lo anterior, indica que los precios locales dependen de la oferta y demanda, que, a su vez, terminan siendo afectados por la disponibilidad de materias primas y demás componentes requeridos en la elaboración de estos productos. Todo definido en el marco de la globalización.

 

 

Ahora bien, la importancia de la empresa Monómeros ha sido grande para la producción agropecuaria a nivel nacional, pero a pesar de ello, en el gobierno de Álvaro Uribe, la participación de Colombia en la empresa que correspondía a un 47%, fue vendida por 56 millones de dólares en el año 2008 a Hugo Chávez, para entonces presidente de Venezuela. En la actualidad, el 100% de Monómeros pertenece a la estatal Pequiven.

 

 

La forma como se ha venido administrando la empresa resulta pintoresca, pues en el gobierno Duque, al reconocer a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela en el año 2019, Monómeros quedó bajo su cargo. Posteriormente, en el año 2022, Colombia reconoció como presidente a Nicolás Maduro, y por medio de la SuperSociedades le entregó de nuevo su administración. Por lo tanto, ha habido una disputa por el manejo administrativo de Monómeros, que incluye a los gobiernos colombianos, y a sectores opositores del gobierno del vecino país. Como resultado, el deterioro de la empresa es notorio tanto a nivel físico, como en su capacidad productiva.

 

 

Otra dificultad para la empresa Monómeros, es que la comercialización de sus productos, la participación en transacciones financieras, incluidas subsidiarias dedicadas a servicios portuarios, la hace a través de una Licencia emitida por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que al parecer no será renovada y que venció en junio pasado, según Bloomberg. Esto afectará principalmente a los pequeños productores agropecuarios en Colombia, y dejará atrás un acuerdo que por veinte años permitió el subsidio en el suministro de materias primas por cuenta de Venezuela, lo que podría redundar en el alza de precios de los alimentos.

 

 

Ese tipo de hechos no acaban, recientemente se supo de una reunión entre el Ministro de Minas, Edwin Palma, y el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, para discutir una agenda energética, que incluye la posible compra de Monómeros. Pero como dicen por ahí, amanecerá y veremos, que no vaya a ser que con recursos públicos de la nación se termine pagando un roído patrimonio venezolano, ¿será la carta a mostrar mientras que, bajo este gobierno, el mercado de los abonos continúa concentrándose cada vez más a favor de las multinacionales?

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