Por: Pablo Andrés Villegas
En un café de mi amada Santa Rosa de Cabal escuché a alguien decir: “Hace más de seis meses interpuse una tutela contra la Nueva EPS porque no le entregan unas medicinas a mi madre. Sin embargo, y a pesar de que hubo incluso una sanción monetaria contra el representante legal y el interventor, la farmacia, esa que queda en la 15 con 17, se niega a entregar los medicamentos con una serie de trabas burocráticas y deshumanizantes”. -Todo esto es resultado de la puesta en marcha de la Ley 100 de 1994, la cual después de 21 años no ha hecho más que favorecer a las EPS, como administradoras de la enfermedad y no de la salud.
El filósofo alemán Gadamer escribió un libro titulado El estado oculto de la salud, que fue publicado en español en el 2001, en el que sostiene que la salud no solo se basa en la ausencia de enfermedad, por el contrario, la salud implica una dimensión subjetiva y emocional. Esto se traduce en el bienestar que experimenta una persona más allá de síntomas o enfermedades, es decir, en una vivencia subjetiva. Este filósofo plantea algo que resulta muy oportuno para analizar la situación de la salud en Colombia y es el asunto de la dimensión subjetiva y emocional.
Una persona en Colombia se enferma y comienza un verdadero calvario. Sin hablar de los crónicos, de los que tienen que estar en control por enfermedades degenerativas o los que consumen medicamentos de “alto costo”; esta expresión fastidiosa e inhumana recoge la mentalidad capitalista y neoliberal de los gestores y defensores de la famosa Ley 100. Esta Ley además favorece a las EPS indicándoles en un estrecho vademécum (que llaman POS y NO-POS) a qué están obligadas según las condiciones vigentes; no obstante, si la EPS se declara en “crisis financiera”, la ley no puede obligarlas, aunque la crisis se deba a una mala administración o a la corrupción interna de la entidad.
Un sistema de salud en el que pueden robar sin preocupaciones es insostenible. Por si fuera poco, los asesinos que administran de manera irregular estas entidades, retienen los medicamentos que están en el POS pero son un poco más costosos que la mayoría y sin vergüenza dejan a los usuarios a la deriva. Santa Rosa no es ajena a esta realidad y el escenario más ilustrativo es el que se ve diariamente en Discolmets, en la carrera 15 N 17-24, donde desde las tres de la mañana los usuarios hacen fila para recibir un ficho de atención, exponiendo su integridad física, pese a las frías madrugadas de este municipio. Para que al llegar ante la funcionaria le diga que no está disponible el medicamento y, en el mejor de los casos, que quedará pendiente hasta nuevo aviso.
El trato deshumanizante se ha extendido hasta el hospital San Vicente de Paul, cada vez más burocratizado. Gadamer, en este sentido, afirma que la atención sanitaria no se limita a la mera aplicación de técnicas y procedimientos médicos, sino que involucra una serie de significados y valores que deben ser interpretados y comprendidos por los prestadores de servicios de salud. El primero es entender que el enfermo no es solamente un usuario, o un cliente, sino un ser humano que merece respeto y que de acuerdo con el juramento hipocrático: se debe priorizar el bienestar y la salud, además no participar en prácticas que pongan en peligro la vida.



