El que la hace, la paga

Esta expresión significa que somos responsables de nuestras acciones. Justifica la penalización o la indemnización por algún descuido o torpeza. También puede tomarse como una amenaza o sentencia de que todo lo que se hace tiene sus consecuencias.

Cuando deliberadamente accedemos a situaciones que van en detrimento del orden, reglas o leyes, podemos esperar resultados de cualquier índole. Todo nos es permitido, pero no todo nos conviene, por lo que vale la pena analizar antes de dar el primer paso. Si decidimos empalagarnos de dulces sabiendo que nuestra tolerancia al azúcar es baja, el resultado puede ser mareo, vomito, náuseas, dolor de cabeza. Si una persona tiene alto el nivel de triglicéridos y no deja de comer empanadas, buñuelos, pastelitos de pollo, quesos, postres, entre otros, muy seguramente tendrá un colapso. Sabemos que los alimentos ultra-procesados son dañinos y aun así tomamos el riesgo de consumirlos. Las comidas rápidas donde están presentes los embutidos, toda clase de salsas difíciles de digerir, carnes con conservantes, dañinas y con tendencia a engordar por todos sus componentes y aun así son consumidas. Las consecuencias llegarán tarde o temprano. Por el contrario, si

dejamos de comer o incitamos el cuerpo a devolver los alimentos estaremos tan delgados y sin fuerzas que nos veremos limitados para realizar las actividades normales hasta el punto de morir. Al realizarnos procedimientos quirúrgicos no necesarios como prótesis mamarias, labios protuberantes, glúteos rellenos de polímeros, estiramientos, músculos de silicona, entre otros, arriesgamos la vida, la salud, la identidad, el bolsillo y el futuro.

Si decidimos confiar en un amigo o familiar que nos pide ser fiadores de un préstamo o la compra de un artículo, es posible que se pierda la amistad y la plata. Cuando una persona tiene recurrencia en las faltas, llámense mentiras, robos, líos, infidelidades, chismes o pone en entredicho la honra de alguien; se puede esperar demandas, enfrentamientos, peleas y por supuesto la justicia de Dios.

Cuando se deja entrar la influencia maleva en nuestra manera de actuar como la inmoralidad sexual y las aberraciones, la idolatría, la brujería, el odio, los celos; por la pareja, en el trabajo, por diferencia de trato con los hermanos y los papás. Arrebatos de ira tan fuertes que enceguecen hasta el punto de matar. Rivalidades laborales o entre hermanos, en los deportes, en el ámbito académico Sectarismos; por política, religión, deportes; envidia de cualquier índole. A partir de todo lo anterior, es posible llegar a acabar con la vida de los demás o la propia, con demandas judiciales por delitos. Según la palabra de Dios, “la paga del pecado es muerte” y se refiere a muerte física y espiritual, porque cuando no se tiene escrúpulos para hacer el mal, no se tiene a Dios en el corazón, se han vuelto insensibles, capaces de matar y comer del muerto.

Situaciones buscadas como llevar drogas a otros países arriesgando el pellejo como se dice coloquialmente, pueden acabar con nuestra libertad, con nuestra imagen y buen nombre, desintegrar la familia; todo por la avaricia y la obtención del dinero fácil; justificando las acciones en la necesidad.

Estas realidades se perciben diariamente, en todos los ambientes. Si aún tenemos algo de conciencia, podemos evitarlas concentrándonos en lo que es realmente importante. Actuar con rectitud y prudencia es el verdadero sentido de la libertad.

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