Por: Juan David Hurtado Bedoya*
Con información de archivo fotográfico FOTO LÓPEZ, memoria oral santarrosana e investigaciones históricas locales.
Bicicletas, triciclos y carros de balineras: el deporte que unía a todo un pueblo
Hubo una época en la que las calles de Santa Rosa de Cabal no estaban dominadas por el tráfico. No existían las redes sociales, ni las pantallas ocupaban el tiempo libre de niños y jóvenes. La diversión estaba afuera, en las calles, en los parques y en las pendientes que recorrían el municipio.
Durante gran parte del siglo XX, especialmente entre las décadas de 1940 y 1980, las celebraciones cívicas y las fiestas municipales transformaban la ciudad en un enorme escenario deportivo. Las antiguas Fiestas de Fundación, que con los años darían paso a las tradicionales Fiestas de las Araucarias, eran mucho más que conciertos o eventos protocolarios. Eran una verdadera fiesta popular donde los protagonistas eran los propios habitantes.
Entre las actividades más esperadas estaban las carreras de bicicletas. En aquellos años, cuando la Vuelta a Colombia alimentaba los sueños de miles de jóvenes, el ciclismo era una pasión nacional. En Santa Rosa de Cabal, las competencias recorrían las calles del centro, rodeaban el parque principal y atravesaban diferentes sectores del municipio mientras familias enteras salían a las aceras para animar a los corredores.
Aquellas jornadas deportivas sembraron una profunda cultura ciclística que décadas después tendría una de sus mayores expresiones en Álvaro Mejía, el santarrosano que alcanzó reconocimiento internacional al ocupar el cuarto lugar en el Tour de Francia de 1993, una de las actuaciones más importantes de un ciclista colombiano en aquella época.
Pero si las bicicletas despertaban admiración entre jóvenes y adultos, los niños también tenían sus propios escenarios de gloria.
Las carreras de triciclos eran uno de los eventos más queridos de las fiestas municipales. Los pequeños competidores aparecían con vehículos decorados con cintas, flores, banderas y todo tipo de adornos elaborados por sus familias. Más que una competencia, aquellas jornadas parecían un desfile de creatividad e ilusión. Ganar era importante, pero participar y compartir era lo verdaderamente valioso.
Y si hubo una actividad que marcó la memoria de varias generaciones, fueron las carreras de carros de balineras.
Construidos artesanalmente con madera, rodamientos y mucha imaginación, estos vehículos sin motor descendían por las empinadas calles santarrosanas impulsados únicamente por la fuerza de la gravedad. Cada carro era distinto. Algunos destacaban por su velocidad; otros por el ingenio de sus constructores.
La verdadera competencia comenzaba semanas antes de la carrera. Padres, hijos, hermanos y vecinos trabajaban juntos reuniendo materiales, ajustando ruedas y mejorando diseños. Era una actividad que fortalecía los vínculos familiares y convertía la creatividad popular en protagonista de las fiestas. El trofeo de La carrera de triciclo femenino lo ganó Lorena Jaramillo Arias y Gustavo Jaramillo López ganó el primer puesto en ciclismo en la misma fecha (1973 octubre) aún se conservan en su familia.
Más allá del entretenimiento, estas actividades cumplían una función social fundamental. En una época con menos alternativas recreativas, el deporte ayudaba a integrar comunidades, fortalecer la convivencia y promover hábitos saludables. Los colegios, las parroquias y diferentes organizaciones impulsaban constantemente torneos, desfiles atléticos y encuentros deportivos que hacían parte de la vida cotidiana del municipio.
Por unos días, las calles dejaban de ser simples vías de paso para convertirse en espacios de encuentro ciudadano.
Hoy muchas de aquellas competencias sobreviven únicamente en fotografías antiguas, álbumes familiares y conversaciones entre quienes tuvieron la fortuna de vivirlas. Sin embargo, su legado permanece vivo en la memoria colectiva de Santa Rosa de Cabal.
Porque aquellas carreras no solo hablaban de deporte. Hablaban de una ciudad que se encontraba en sus calles, de vecinos que compartían sueños y de una comunidad que construía identidad a través del juego, la creatividad y la participación.
Quizás por eso, cuando los santarrosanos mayores recuerdan el sonido de las balineras bajando por una pendiente o una carrera de bicicletas alrededor del parque, no están recordando únicamente una competencia.
Están recordando una forma de vivir Santa Rosa de Cabal.
* Ingeniero Ambiental y Economista, especialista en Planificación y Administración del Desarrollo Regional y Magíster en Medio ambiente y Desarrollo. Académico e investigador.


