¡Oiga, Presidente!

Amparo Bustamante Osorio | Periodista Conceptual Independiente 

Ser escucha activa es una cualidad muy importante para que las personas se puedan entender, y hacer de hecho un diálogo que beneficie a ambas partes.

PRESIDENTE, un término representativo de un poder, autoridad, o mando; estas líneas se redactan con la sencillez de un corazón ciudadano, que las comparte con todo aquel que las quiera leer y comprender, con ánimo sensible al pensamiento de todos los que estamos en el rol de ser interlocutores.

OIGA PRESIDENTE, tiene una direccional que no sea tomada desde lo político, sino desde lo más identificativo que tenemos todos: ser HUMANOS. Se ha llegado a determinar con demasiada ligereza el término presidente como si fuera un logro, una meta, un propósito, de presidir un entorno social, económico, legislativo y en este caso con la rama ejecutiva, que tan tristemente se ve desdibujada por los comportamientos incorrectos e indebidos de quienes aspiran a una presidencia.

Pero si se debe expresar que aun teniendo en sus manos las riendas presidenciales, sus acciones, expresiones y direccionamientos, son totalmente “inhumanos”, porque son seres gobernados por la ignominia disfrazada de argumentos retóricos y mal dispuestos.

PRESIDENTE, OIGA USTED, que habiendo obtenido un número considerable de votos que confían en su persona, como el administrador ideal de los destinos de una nación, hay otro tanto que lo están observando como fiscales y auditores de sus planes de gobierno, y otro grupo anónimo pero indispensable de contabilizar que pese a su actitud de no sufragar, votar en blanco o no poder hacerlo porque aún su edad civil no se lo permite, lo están mirando, escuchando y analizando, cada paso que el presidente tiene que dar al caminar por sendas maltrechas, oscuras y plagadas de peligros.

SER PRESIDENTE es como ser el campeón de una carrera aún NO corrida, una victoria que hay que compartir con otros muchos más hombres y mujeres capaces de acceder a asumir unas responsabilidades de grueso calibre, que debe ser un grupo cuya idoneidad se pone a prueba con cada acto ejecutado.

OIGA PRESIDENTE, su labor va hacer al estilo antiguo: caminar, repicar y hacer la procesión, para que la confianza de un pueblo levante almas capaces de seguir caminando, aunque no halle camino por donde andar, como dice la canción del canarito José Vélez, ES ASI LA VIDA, que invito a los lectores escuchar – es sembrar trigo al azar, aunque luego nos nieguen un trozo de pan-.

Y al escribir este planteamiento de la canción nombrada, es porque gobernar es servir, y el ingrato placer de servir, se convierte en el juez de más talante que ha conocido la gente. SER PRESIDENTE involucra no solo el gran halago de llevar sobre sí la banda tricolor de Colombia, sino que lo que ES llevar la representación de 50 millones personas que mal contados somos la Colombia actual. 

OIGA PRESIDENTE, esa dignidad patria que se le concede a un ciudadano que lucha porque su tierra colombiana deje de ser agraviada por que unos cuantos insensatos, ya sea que vistan elegantes trajes o prendas de paramilitares, que, buscando prestigio, dominio y poder, son parte del enorme trabajo que usted y sus cercanos ayudantes del grupo íntimo de Palacio, deben detener que continúen con su mensaje de desolación, tristeza y violencia.

OIGA PRESIDENTE, por favor rodéese de consejeros de calidades espirituales, que no solo sepan del manejo de las carteras ministeriales con la academia precisa, sino que sean seres humanos que se duelan y conduelan de sus prójimos. Así de sencillo es el asunto, ya que no se necesitan fanáticos, ni religiosos, sino profesionales de ética y moral revisadas si se quiere con lupa.

El mal de la corrupción es mentira, engaño, falsedad, hipocresía, envidia y otros defectos más de carácter, que las personas han alimentado y disfrazado con caretas de gran fantasía, belleza inigualable, que han sabido camuflarse en lo que se denomina mandos intermedios, y son los que hay detectar con sabiduría, inteligencia y discernimiento.

OIGA PRESIDENTE, la imagen de un hombre que reconoce que hay un SER SUPREMO, al que decimos DIOS, no importando la creencia, determina que usted llega a OSTENTAR ser el ciudadano número uno, aunque sé que para algunos es un dicho que no debe usarse, pero soy de la vieja guardia, la clásica, la que al dirigirse a una autoridad de máximo orden, se le decía con reverencia, excelentísimo señor, con sus nombres completos y sus títulos fielmente conseguidos, y le referenciábamos como el primer ciudadano de la nación. Esas son enseñanzas aprendidas en el Manual de Carreño, que ya venían desde la Europa misma, principios y valores que aún deben ser tenidos en cuenta en esta era tan tecnológica, pero a la vez tan perdida de su identidad humana.

PRESIDENTE, ESCUCHE POR FAVOR A SUS CONCIUDADANOS. Usted que se unto de pueblo, que recorrió, calles, carreteras, caminos, montañas, ríos y otros muchos puntos geográficos de este país, se le invita a seguir untándose del pueblo-pueblo, de ese conglomerado que lucha en el silencio de sus aldeas, veredas, asentamientos y ciudades, porque no vean a un hombre que tomó la figura de un TIGRE, un estratega de las grandes batallas, al que le deben acompañar la sabiduría del BÚHO, el enfoque del ÁGUILA, la valentía del LEÓN, y la ejecución del LOBO, lejos, lejos de su quehacer diario, sino sea el adalid de carne y hueso, al que en un día de este cuatrienio, le dijeron: confiamos en usted y creemos que seguiremos firmes por la patria.

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