Por: Andrés Esteban Villegas Alvarán
William Gilbert fue más que un médico aburguesado, irónicamente, se le reconoce como el pionero de la física experimental. En su obra “De Magnete”, exploró temas complejos relacionados con el magnetismo, siendo el primero en sugerir que la Tierra posee un extenso campo magnético. Su investigación sentó las bases para el estudio del magnetismo y su influencia perdura en la ciencia contemporánea. Sin embargo, en este artículo de opinión, me propongo ofrecer una perspectiva más accesible para aquellos que caminan bajo sus pies.
Gilbert, a quien se le describía como una persona estoica, rechazó profundamente las teorías aristotélicas, que ya se habían contradicho en su época. Se centró en demostrar su error, similar a Platón, pero con un enfoque más ideológico. Rechazó las conjeturas abstractas y se dedicó a validar sus ideas mediante experimentos rigurosos y argumentos sólidos. Además, desarrolló diversos inventos, como una representación a escala de la Tierra utilizando magnetita llamada Terrella.
Hallazgos Fundamentales en Magnetismo y Electricidad
La contribución más revolucionaria de Gilbert fue la tesis de que la Tierra actúa como un imán gigante, lo que proporcionó una explicación física coherente al comportamiento de las brújulas, así como a los fenómenos de inclinación y declinación magnética. Asimismo, fue el primer científico en establecer una distinción clara entre fenómenos magnéticos y eléctricos. Al observar que el ámbar frotado atraía diversos materiales, acuñó el término electricus (del griego elektron, que significa ámbar), ganando el título de “padre de la ciencia eléctrica”.
Un aspecto curioso de su vida, más allá de la fuerte aristocracia que lo rodeaba, es que, a pesar de su riqueza, mantenía buenas relaciones con sus colegas, incluso mientras servía a dos reyes británicos, Isabel I y Jacobo I. Parece entonces, que el dinero fue clave para triunfar en la ciencia, ya que aquellos que aún son recordados por sus aportes al ámbito científico, a menudo fueron poseedores de cuantiosas fortunas. Este patrón se repetirá hasta el siglo XIX, cuando aparecerá alguien destacado en campo del conocimiento, pero eso es tema para un próximo artículo.


