Sus ojos se cerraron*

Por: Fernando Guzmán Arango

Parte 5: Isabel se recupera

Elena apareció varias semanas después de la cremación a Antonio, y de que sus cenizas fueran entregadas a las aguas del río  de su pueblo natal, allá donde creció al arrullo de los tangos.  Ese había sido su deseo.   Francisco se ofreció para llevar las cenizas y así evitarle a Isabel el desagrado de ese viaje.  Elena no había traído a los nietos que tanta ilusión le hacían a Isabel, y después de hablar un poco con su madre y con Josefa, se marchó de nuevo.

 

La sesión de martillar “Sus ojos se cerraron”’ toda una noche, había tenido un efecto terapéutico en Isabel.  Cuando fueron a la notaría se sentía tranquila, aunque sus ojos delataban una noche entera de insomnio y de llanto. Ni siquiera el recuerdo de la galería del pueblo de Antonio logró perturbarla. Hizo todas las diligencias sin premura, y después de unos días, cuando ya los abogados ultimaban los detalles finales, tomó decisiones para lo que sería el resto de su vida.    Buscó y ha vuelto a conectarse con muchos de sus viejos amigos y amigas de la adolescencia, a quienes no veía desde que su relación con Antonio los había alejado.  Con uno de ellos revivió viejos amores de juventud, y al cabo de un año  ya tiene una relación estable con Hernán.  Su salud ha mejorado a tal punto que tanto ella como sus conocidos se maravillan, recordando cómo había sido por más de cuarenta años al lado de Antonio, y aún desde antes, cuando su responsabilidad de hermana mayor empezó a minarle la salud.  Francisco ha estado cerca de ella, animándola y apoyándola cuando los prejuicios sociales hacen mirar con recelo esa relación de adultos mayores con Hernán.

 

Con frecuencia, en fines de semana, se reúnen Isabel y Hernán con Francisco y su esposa Jenny, y organizan tertulias con un poco de licor, un poco de música, y mucho de conversación. Evocan viejos tiempos con nostalgia y con la alegría de aprovechar esa segunda oportunidad que la vida les ha dado.  Casi siempre terminan la tertulia oyendo al zorzal criollo cantar  “Sus ojos se cerraron”’. Ya Isabel no siente ni el deseo ni la necesidad de derramar una sola lágrima.

* Cuento en cinco partes.

Parte 1

– Parte 2

– Parte 3

– Parte 4

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