Sus ojos se cerraron*

Por: Fernando Guzmán Arango

Parte 1: Antes del final

Sabiéndose ya en su lecho de muerte, Antonio evoca todas aquellas veces que pensó qué sería de su vida cuando Isabel muriera. Toda la vida la ha amado profundamente, y eso le ha permitido sobrellevar los frecuentes momentos turbulentos de su relación. 

Isabel, con una salud precaria, especialmente después de su último parto, no ceja de creer y decir que va a morir muy pronto.  Antonio, que no ha visto las cosas con una lente tan gris como Isabel, piensa que el final de ella podría llegar antes que él.   

Todo esto cambió  hace unos 10 meses cuando le diagnosticaron su cáncer en cuarto grado. Desde ese momento, él que se creía, y a quien todos veían como un roble, empezó a venirse abajo. Ese trabajador incansable, que no paraba ni los fines de semana, haciendo toda clase de arreglos en su casa, se empezó a sentir cansado y sin fuerzas.  En su trabajo empezó a tomar días libres, sólo para quedarse en casa acostado; y aunque dormía poco, meditaba mucho sobre lo que había sido su vida.  Cuarenta años al lado de Isabel, muy metido en la crianza de sus dos hijas, que ya en este momento tenían cada una su vida propia, lejos de casa. 

Josefa, cuyo nombre lo escogió él en honor a su propia abuela, era la mayor y la más cercana a Antonio. No pasaba semana en que no se comunicara con él, y eso desde mucho antes del diagnóstico, desde que salió de casa para ir a estudiar.  En cambio, Elena, la menor, siempre había sido rebelde y en cuanto se pudo ir de casa rompió el contacto casi por completo.  A veces llegaba una tarjeta suya en época de navidad, y con menos frecuencia recibían una llamada de ella.  A los dos nietos, hijos de Elena, los veían muy esporádicamente, de manera que casi no conocían la dicha de ser abuelos.

Dada la delicada salud de Isabel, era apenas normal que Antonio pensara sobre un futuro sin ella.  Pensaba que tal vez se dedicaría a conectarse de nuevo con los viejos amigos, a los que poco a poco había ido dejando atrás después de que conoció a Isabel.  Se preguntaba si encontraría a otra mujer como Isabel, que había sido su complemento por tantos años.   Pensaba que no era necesario, pero la idea de quedarse solo lo asustaba.

Nunca había vivido solo. Vivió en casa con sus padres y hermanos hasta que se fue a estudiar.  Como estudiante compartió vivienda con otros estudiantes, hasta cuando conoció a Isabel.  A partir de ahí siempre había estado a su lado en las buenas y en las malas.  Su relación, conflictiva, parecía a veces que iba a reventar, pero luego se calmaba la tormenta y todo volvía a la normalidad.  Era ya un ciclo al que él se había acostumbrado.  Lamentaba las peleas, pero no podía evitarlas, y con el pasar del tiempo se habían vuelto paisaje.  Si estaban bien, él estaba contento; si estaban mal, él esperaba a que amainara la lluvia, aunque a veces tardaba mucho tiempo en escampar.

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